“El risueño de la nada”, Emil Cioran

“Señor, dame la facultad de no rezar jamás, líbrame de la insania de toda adoración, aleja de mí esa tentación de amor que me entregaría para siempre a Ti ¡Qué el vacío se extienda entre mi corazón y el cielo! No deseo ver mis desiertos poblados con tu presencia; mis noches tiranizadas con Tu luz, mis Soberbias fundidas bajo tu Sol. Más solitario que Tú, quiero mis manos puras, a diferencia de las tuyas que se ensuciaron para siempre al moldear la tierra y mezclarse en los asuntos del mundo. No pido a Tu estúpida omnipotencia mas que respeto para mi soledad y mis tormentos. No tengo nada que hacer con tus palabras; y temo la locura que me las harías escuchar.                                                 Dispénsame el milagro recoleto de antes del primer instante, La Paz que Tú no pudiste tolerar y que te incitó a labrar la brecha en la nada para inaugurar esta feria de tiempos, y para condenar así al universo, a la humillación y la vergüenza de existir.”

  

Cioran, “Breviario de podredumbre”

Pensando en Saramago

Poeta que no eres nadie

que por el mundo errante andas

de los campos cenizos

echado en la yerba de la inspiración.

Bicho mimetizado, eso es lo que eres

en la carpa del circo se despliega

con las alas tendidas tú ya andas

con los pensamientos malabareas

palabras de color cálido,

las entradas abarrotadas están

tú que alma tibia entre el pecho tienes

y la luz que se tiende al día,

sonidos del miocardio recuerdas

poeta que no eres nadie 

Delirios

Tengo un pedazo de mi alma en la piel, pesimismo. 

Soy una roca de polvo, borracho.

Siendo un teatro de absurdas edades, fatalista.

Escribo una metáfora de apariencia, lamento. 

Eructo fuego de semen, marioneta.

Leo la palabra del alba, misticismo.

Pisando una ceniza de filosofía, caótico.  

Soy un Barabás de lágrimas, cínico.

Mi cuerpo es un terreno agrio e infertil, posmodernismo.

Analizo el encanto de las sombras, eco.

Empleo un lenguaje de egos, mortalidad.

Siendo un dueño de dioses, misoteísmo.

Contemplo una calle de sueños, atomismo.

Cuelgo de un reloj de caricias pendientes, patético.

Me construyo una estructura para morir, literatura.

Hago una división de luz, insaciable.

Amamanto una fuente de tristeza, abstracción.

Mi cabeza en una almohada de universo, ironía.

Intento un suicidio de fe, nihilismo.

Soy (de nuevo, sin ser novedad) un desastre de equilibrios, misántropo.

Masturbo una sombra de amor, novato.

Conservo un tabú de llamas, paternidad.

Cumplo con una condena de rostros, universal

Testigo de los pecados de las células, humanista.

   Mi lengua es una máquina, poeta 

Pensando en Gonzalo Arango 

Cansado, aletargado por la rutina, con el sueño latente de construir otro mundo mejor; sin en cambio, pienso en el suicidio como liberación para la raíz amarga de mi ser. Contemplo la estética decadente de mi época, siento profunda y confusa nostalgia del tiempo en donde vine a quedar a la deriva, bajo un cielo de lenta agonía; soy el espejo roto que intenta reflejar el Universo entero. 

Alma desamparada que transita errantemente en el orden natural de las cosas; y de repente, pienso en voz baja: “¿tengo que disculparme por estar viviendo?”. El frenesí de la Historia me ha dejado aturdido. Y ahora pienso: “¿la neurosis, el terror y la violencia, acaso no son desesperaciones fabricadas por los medios de comunicación para orillarnos con hostilidad, y sucumbir a las orillas del nihilismo?” 

Estoy vencido y la poesía es la unica respuesta que encuentro a la percepción de mi existencia.